LA IMPORTANCIA DE RECONOCER NUESTRA LUNA

El Sol en una carta natal es lo que la mayoría de la gente conoce cuando se habla de astrología a nivel coloquial: soy Leo, o soy Cancer, o soy Escorpio…significa que tenemos el Sol en ese signo. Es una posición importante, porque nos habla de la expresión más genuina en el plano terrestre de nuestra esencia, de qué manera y de que forma, en que área de la vida podemos brillar y expresar nuestra singularidad dentro de la trama vincular en la que estamos insertados. Y digo “podemos” porque el Sol, aunque está relacionado por tanto con nuestra verdadera vocación, no necesariamente se vive en su más sano y pleno potencial. Debido a que tendemos a identificarnos con unos factores y dejar en sombra otros, a menudo el Sol apenas se llega a expresar en su verdadera dimensión. Su vivencia, la expresión de nuestro Yo central, es un hito al final del camino, cuando los otros factores de la carta han sido integrados.


Y es que, aunque el Sol sea tan relevante, desde otro punto de vista es sólo un factor más del mandala natal, y no necesariamente más notorio que otros en la configuración de una personalidad, en la expresión de esta o en las vicisitudes de una vida. Tan importante como el Sol, quizás incluso más en términos de armonía interior, es la Luna.


Creo que la Luna (como el ascendente) es un factor que ha sido bastante banalizado en cierto tipo de astrología, o no se ha sabido ver la verdadera dimensión de su influencia. Personalmente, cuando comenzaba a estudiar astrología, todas las explicaciones que encontraba en los libros sobre la Luna me dejaban frío, hasta que un día, en la sección de segunda mano de una librería esotérica, un libro(ver Referencias al final) llamó mi atención. Cuando, ojeándolo, leí las primeras páginas sobre el signo de mi luna, no pude evitar una risa nerviosa. Seguí leyendo en el autobús de camino a mi casa medio en estado de shock. Los siguientes días, fue como si muchas cosas que andaban dispersas de pronto encajarán a la perfección, y mi motivación para seguir esta maravillosa senda de autoconocimiento, si ya había echado raíces, ahora me mostró sus primeros brotes floridos.

La luna se ha asociado al carácter de la madre biológica o al ambiente materno, a la manera de nutrirnos, de sentir o expresar las emociones, incluso al tipo de mujer que le puede atraer a un hombre o al tipo de madre que puede ser una mujer. Todo esto está bien pero, a mi modo de ver, son expresiones muy superficiales de lo que en realidad la Luna podría representar en la configuración de una personalidad, al menos en este momento de la evolución de la conciencia humana. Quizás en eras futuras, en las que no exista tanta separación entre consciente y subconsciente, la Luna tenga una dimensión distinta.


Primero de todo, creo que sería importante considerar que la Luna parece hablarnos de una cualidad energética (representada sobre todo por el signo en el que está y también por sus aspectos) que, como otros factores de la carta, ya traemos de atrás. Y por atrás me refiero a vidas pasadas, e incluso a herencia transgeneracional. La luna nos habla, en ese sentido, de la memoria del alma, guardada a nivel de cuerpo emocional. El signo lunar marca entonces una cualidad que nos es familiar, cuya expresión hemos transitado a menudo y que constituye una especie de área de confort. Por ejemplo, si tengo Luna en Aries, probablemente he vivido muchas vidas en contacto con esa energía de iniciativa, de competición, de guerra, lucha, combate…y la tengo incorporada en mi software como manera de reaccionar emocionalmente ligada a la supervivencia. Por otro lado, con esa cualidad energética he venido a encarar esta vida, escogiendo un entorno familiar en el que mi energía y mis temas pendientes pudiesen encajar.

Visto de otra forma, como el afuera refleja mi adentro, el ambiente materno u hogareño (que no necesariamente mi madre biológica) en mis primeros años de vida habrá reflejado esa cualidad: en casa habrá habido broncas, agresividad, competición, imposiciones…Y si no era así objetivamente yo lo habré vivido de esa manera, porque ese era el color de mis lentes.

La vivencia renovada de esa cualidad durante mi desarrollo emocional en la infancia actualiza ese software, esa cualidad energética en mi sistema, y pasa ahora a reincorporarse como una matriz generadora del mecanismo de expresión emocional en esta encarnación. Al mismo tiempo que va a ser para mi como un área de confort por ser muy conocido, la matriz lunar, recordemos, está ligada a la supervivencia: si no reacciono así me matan, o me muero al no ser mis necesidades cubiertas, siento el vacío terrorífico de lo desconocido esperándome a la vuelta.


Y entonces, de ahí en adelante, cada vez que me sienta amenazado, que sienta inseguridad emocional, voy a reaccionar de esa manera, voy a volver a mi refugio de la manera en que lo haría mi signo lunar.


Con Luna en Aries, al sentirme inseguro emocionalmente, tomaré iniciativa propia sin tener en cuenta a nadie, con agresividad, o con premura impaciente. Si mi Luna estuviera en Cancer, me refugiaría en mi caparazón, donde mi sensibilidad no pudiera ser amenazada, incomunicándome. Si fuera Libra, trataría de complacer a los demás, intentando garantizar así mi seguridad. Con Capricornio me aislaría y me pondría a hacer cosas yo sola…Incluso el drama y el dolor podrían ser un refugio inconsciente si tengo la Luna en Escorpio o en aspecto con Plutón


La poca importancia o que se le ha dado a la Luna en el análisis astrológico más tradicional, pareciera correlativa a otros síntomas derivados de un paradigma patriarcal que relega a lo femenino a un lugar de poca importancia, ningunea a la mujer, o censura e incapacita la vivencia y expresión de las emociones, sobre todo en los varones.


Pero censurar algo o ignorarlo solo significa mantenerlo en la sombra, desde donde se va a expresar de maneras subconscientes, a menudo no felizmente.


Y es que aunque tenga 40, 50, 60 años, si no he observado ese mecanismo, voy a seguir reaccionando desde la memoria de mi Luna ante la vida, desde ese niño o niña interior insegura o herida. En ocasiones si la Luna está muy aspectada, o en un lugar de notoriedad en mi carta, esa va a ser la principal expresión de mi personalidad, y puede que no lo llegue a expresar mi Sol, o lo haga en muy contadas ocasiones.


Además - y esto no suele fallar- voy a proyectar mis necesidades subconscientes de seguridad en mi pareja, aunque sean dolorosas: si tengo Luna en aspecto tenso a Urano igual voy a buscar parejas que me abandonen para perpetuar el ciclo, en Capricornio o con Saturno voy a tender a no sentirme valorada en la relación porque en el fondo yo no me valoro.


Con la Luna hay un trabajo interior que hacer, hay un camino de sanación y de conciencia que, como todo camino iniciático, guarda un don, un tesoro al final.


El trabajo pasa, en primer lugar, por hacerse conscientes de ese mecanismo, observándolo en nuestro comportamiento, dándonos cuenta de esa cualidad energética cristalizada. Es importante desvelar esa historia a nivel de alma para discernir su modus operandi, y sobre todo tomar conciencia de esa parte infantil y aprender a sostenerla. No es pretender que crezca y se haga adulta, sino convertirse uno mismo en sostén, en amorosos madres y padres para ese niño o esa niña insegura. ¿Cómo? Dedicándole atención y tiempo, comunicándonos con ella, escuchándola, acompañándola en el tránsito de enfrentar sus miedos, de sentir y sostenerse en ese vacío del no-reaccionar. Sostenerse ahí implica afrontar y liberar la carga emocional asociada. Puede haber mucha tristeza e ira en ese lugar, y desprenderse de esta mochila puede ser como volver a nacer.

El talento o el tesoro de esa luna entonces se muestra, las cualidades más positivas de ese signo se ponen de relevancia en nuestra vida: el impulso energético de Aries, la capacidad nutricia de Cancer, el talento artístico y embellecedor de Libra o la solidez emocional de Capricornio.


Este ultimo signo, al ser la polaridad opuesta a Cancer, el domicilio de la Luna, parece estar hablándonos, en su expresión armónica, de esa vivencia integrada de autosostén emocional, del don que nos espera tras transitar la senda de la Luna.


Este transito es algo que podría reflejarse gráficamente en esta imagen del Tarot Rider que corresponde a la Luna:

En ella, de las aguas (los mundos del alma) sale un cangrejo (un ser blando, sensible por dentro cubierto con una coraza, una matriz defensiva) que va a enfrentar un camino entre un lobo (los miedos, lo salvaje y desconocido) y un perro (la familiaridad, la fidelidad a lo conocido). Es un camino interior (la mirada es hacia dentro), que implica transitar y afrontar los miedos por la vía media, tomando conciencia de ambos extremos (las torres), y que culmina en la montaña (capricornio, el autosostén).


En todo caso, la Luna representa en nuestra carta un camino iniciático que, como vemos, guarda en sí la promesa de una integración. A la Luna, en el Tarot, le sigue el Sol. Podríamos hablar entonces de vivir la cualidad de ese signo lunar de manera luminosa. O también de lo necesario que es reconocer nuestra Luna si queremos expresar apropiadamente el Sol en nuestra carta, el despliegue brillante de nuestro Ser en el mundo concreto.



Para finalizar, recalcaría la impresión de que el trabajo lunar es también prioritario a la hora de trabajar nuestra carta desde una perspectiva alquímica o terapéutica. En el camino de llegar a integrar la complejidad del mandala natal es imperativo aprender a expresar nuestra Luna de forma armónica, pues eso nos permitirá tener una base emocional sana necesaria para afrontar con éxito otros puntos evolutivos de la carta.


REFERENCIAS FUNDAMENTALES

CARUTTI, EUGENIO. Las Lunas. Kier, 2005

PABLO FLORES, Conferencia: "Entendiendo y sanando las relaciones de pareja". Congreso de astrología Chile: https://www.youtube.com/watch?v=8RGqK07RxpI&t=4s (Todos los videos de su canal son muy recomendables)

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