Cronica de una Luna llena en Acuario

Vemos en estos días acuariano-plutonianos la reunión de los espíritus libres frente a un plan satánico-globalista que, a medida que pierde cada vez más velos de credibilidad, viene empujando a la desesperada con todo tipo de artimañas y embustes para que la mayoría de la población—incluidos niños y adolescentes— se someta al suicidio programado o la esterilidad voluntaria. La fase que parece toca ahora en la consabida agenda es intentar establecer un apartheid para segregar a la gente que no se presta a inocularse con la marca de la bestia. Una superación en ciernes—no, la tecnología actual no quita mérito—de los mejores momentos del último reich.




Quizá coincidiréis conmigo en que lo más impactante de todo esto no viene siendo la complicidad de toda la cantera de agentes Smith en la masa hipnotizada o en el mercenariado médico, político, mediático, de seguridad, etc, sino el atronador silencio de los que creíamos semejantes pero resultaron ser corderos. Obviamente cada uno con su moral y su viaje, no podemos vivir por otros ni tomar sus decisiones, menos nos corresponde a nosotros juzgar sus movimientos o su parálisis; sólo queda desearles, por el bien de sus conciencias, una reacción—mejor tardía que inexistente—ante la gravedad de lo que esta pasando.

Entre los que seguiremos resistiendo creo que renace un sentimiento olvidado de unión frente a la amenaza común, como el que han compartido a lo largo de la historia quienes afrontan un asedio prolongado (inevitable pensar ahora, por ejemplo, en los Cátaros). Siempre habrá en nosotros una inocencia inexpugnable, inherente a nuestra esencia, a la que ningún ataque, agravio o calamidad, por terrible que sea, puede hacer mella. Hay sin embargo otra especie de candidez, ingenuidad infantil del alma primeriza que, como una flor que se marchita y se va transformando en fruto, se va deshojando a lo largo de las repetidas encarnaciones humanas. Es ésta la que ahora vive su kairós, su tiempo de prueba, pues estamos en un momento de maduración, de tránsito entre eras, en el que se acaba un mundo tal y como lo conocíamos y, lo que es más importante, una visión del mismo paralela a una concepción de nuestra identidad.

Muchas profecías coinciden en distintos términos en la amenaza de la oscuridad, en una gran tribulación que arrasaría con el viejo escenario, y en la llegada de una consciencia superior. El tema de la separación (el trigo y la cizaña, etc) es recurrente, pero también lo es el del nuevo amanecer. Y es que, aún reconocida la extrema gravedad del momento, no deja de ser realista la esperanza, incluso con nuestra ingenuidad vuelta cenizas. Caídos los falsos ídolos, toda fuerza, resistencia y confianza no podrán ahora más que ser genuinas, estar enraizadas en esa esencia, en ese núcleo identitario que nos unifica a la vez que nos trasciende: nuestro verdadero hogar, cuyo recuerdo ha requerido de tan larga y dura errancia. Ahora, su brújula interna nos será necesaria para fluir con la voluntad del río turbulento en el gran cambio, para unir nuestros esfuerzos a su corriente. El cauce se estrecha, pero aún quedan páginas por escribir en la historia hasta que llegue ese momento. Lo vamos a vivir tú y yo, todos nosotros. Será un honor proteger la vida juntos, y es una gran dicha que ahora, mientras se prepara la tormenta y aguardamos el momento de la verdad, podamos comunicárnoslo.