EL CIRCO DEL SOL INTERIOR

26/2/2018

¿Quién soy? ¿Quién eres? Es la gran pregunta. Si tienes una respuesta rápida a ella, más si esta incluye tu nombre y apellidos, déjame decirte que probablemente no estés dando pie con bola. Desde muchas tradiciones místicas (la más conocida quizás sea la tradición vedanta del hinduismo) se usa precisamente esta pregunta como método de meditación y camino a la autorealización. “¿Quien soy?” Te haces esta pregunta continuamente, sabiendo que cualquier respuesta que te pueda dar tu mente no va a ser cierta: “no es eso, no es eso”. La idea es que si persistes en ese cuestionamiento desde un verdadero compromismo en tu búsqueda, eventualmente tu mente se para, y tu verdadera naturaleza, (Sat-chit-ananda: verdad-sabiduría-amor)que está más allá de todo lo concebible y expresable se hace presente.

 

Si hemos hecho ya un cierto camino de conciencia, aunque no estemos la mayoría en ese punto de total liberación, ciertas afirmaciones, como que en el fondo somos “Eso”, nos resuenan como ciertas. Incluso puede que hayamos tenido atisbos de la cima de la montaña de forma espontánea, desde la meditación, con plantas maestras o con alguna otra práctica. Sabemos o intuimos que en esencia somos Espíritu, que somos uno con la Fuente, que somos Eso. También sabemos que entre Eso misterioso e inexpresable, y nuestro Ego, o el avatar-personaje con el que vivimos aquí en la tierra, hay un nexo. 

 

 

 

 

Ese algo intermedio también es misterioso, pero no tanto, pues podemos tener experiencias sobre ello y cartografiarlo en cierta manera, aunque sea difusa. Solemos llamar Alma a ese algo, que parece ser como una interfaz entre la unidad y la multiplicidad, como si fuese un vehículo de ese Espíritu, en forma de una identidad luminosa y transcendental, que hace un viaje de ida y vuelta, de separación y de reunión desde y hacia la Fuente. Es el Alma lo que reencarna en escenarios como este planeta para aprender y evolucionar. Y el Alma encarna tomando como vehículos avatares, identidades temporales, matrices de información, complejos psicológico-energético-emocionales formados de la interacción de lo que llamamos arquetipos a distintos niveles. 

 

 Esa matriz de información que constituye nuestro vehículo, la encarnación actual de nuestra Alma, viene descodificada de manera asombrosamente precisa, para quien la sepa interpretar, en el mandala de la carta natal.

 

 

 

A través de la mirada astrológica, vemos claramente que nuestra identidad temporal, lo que comúnmente conocemos como personalidad o Ego, en realidad es un compendio de subpersonalidades, una especie de consejo (o más bien circo) de variados personajes que tienen más o menos presencia dentro de nosotros: la niña/niño heridos, el pretendido y proteico adulto responsable, la redentora del mundo, el controlador oculto…Depende de las posiciones por casa y signo de los arquetipos planetarios, nuestros personajes internos tomarán muchas y variadas formas.  Por lo general, cuando aún no hemos empezado un viaje de autoconocimiento, pensamos “yo soy yo”, y creemos de alguna manera que somos una especie de personalidad monolítica. Pero enseguida observamos que dentro de nosotros hay distintas voces, distintos impulsos y tendencias, que a veces están peleadas entre si, o son totalmente opuestas. Esto crea mucha confusión, desgarro, o sentimientos de culpa, y normalmente lo que hacemos es identificarnos con una o varias de esas subpersonalidades, un grupo que se siente afín, y pretendemos que los otros no existen. 

 

 

 

 

 

Pero vaya si están ahí, actuando o proyectando sus tendencias desde las bambalinas y a veces salen cuando menos lo esperamos, boicoteando el status y los deseos de los otros personajes más “privilegiados”.

 

Y es que tendemos a polarizarnos, a identificarnos con unas partes en detrimento de otras, porque a veces estas partes nuestras tienen intereses opuestos, o son difíciles de conciliar. Pretendemos que somos solo nuestra luz, pero tenemos ahí una sombra que no es menos activa por no ser reconocida.

 

Pero lo que constituye el mecanismo más asombroso de esta dinámica es el fenómeno de la proyección. Partes de nosotros, subpersonalidades no expresadas, aparecen en nuestras vidas en forma de situaciones y de personas que nos traen esa energía. Nos la traen para hacernos de espejo de lo que está en sombra dentro de nosotros, de aquello que no expresamos y está sin integrar. Darse cuenta de esto suele ser impactante: por ejemplo que he estado atrayendo en mi vida al mismo tipo de hombres o de mujeres porque me están reflejando a una subpersonalidad mía de la que no soy consciente. Muy frecuente es alguien muy saturnino que tiene su parte emocional cerrada con 7 llaves y que atrae a parejas muy emocionales precisamente para hacerse consciente de su coraza.

 

No falla que cuando hay en nuestra vida personas que nos irritan muchísimo, que no aguantamos (no tienen porque ser conocidos, pueden ser incluso personajes públicos) es porque hay algo en ellos, una cualidad que tenemos precisamente en sombra en nosotros y no queremos ver, o que manifestamos de forma más o menos sutil pero sin admitirlo. Otra cosa es que tal persona nos parezca pesada, controladora, mediocre, deshonesta, etc…pero desde un criterio más objetivo y compartido, y sin que nos cause ese rechazo visceral. Pero sucede también con cualidades positivas: cosas o cualidades que admiro de otros  y que no reconozco en mi, las admiro precisamente porque las tengo, aunque estén en sombra por el motivo que sea, y no les haya prestado atención.

 

Y es que ese mecanismo de luz/sombra, podemos tener por ejemplo unos talentos artísticos enormes en nuestra carta que tenemos totalmente ignorados debido a que estamos más identificados con otras partes nuestras, a lo mejor porque eran más valoradas en nuestro entorno familiar.

 

 A medida que vamos transitando un proceso de autoconocimiento a través de nuestra carta natal, nos vamos haciendo conscientes de estos personajes, de sus mecanismos y de las relaciones entre ellos, vamos iluminando las zonas de sombra de nuestra carta. Y es muy distinto ser testigo de un comportamiento nuestro ligado a una de estas subpersonalidades, observando su dinámica desde arriba, que estar totalmente identificados con el personaje, tomados por él, viviendo la vida en constante pelea con otras partes nuestras. Este camino de iIuminar nuestra carta, nos va convirtiendo en  conciencias más integras, y también más empáticas con los procesos de los demás.

 

Nos damos cuenta de que todos nuestros semejantes tienen que lidiar con su circo interior particular. Podemos ver cómo muchos actúan desde su niño/a herido/a, y comprender que no nos pueden dar a nosotros lo que son incapaces de darse a sí mismos. 

 

 

Estoy convencido de que el camino de autoconocimiento y la sanación, que implica cartografiar adecuadamente nuestro vehículo de personalidad, y drenar toda emoción negativa que portamos con nosotros, es el mejor regalo que podemos hacer a los demás y al mundo. El exterior es un reflejo de nuestro interior, como nos muestra de manera tan aguda la Astrología. Si iluminamos nuestra parte desde dentro, si nos armonizamos, al mismo tiempo que tomamos acción verdaderamente responsable en el mundo, dejando de proyectar afuera nuestra sombra, amaneceremos poco a poco de manera colectiva a un nuevo tiempo de paz y de concordia.

 

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