LA VERDADERA MAGIA: Acerca de este momento planetario.

24/2/2020

Seguro que no soy el único al que le ha resultado muy significativo que este gran repunte del coronavirus, cuando ya parecía que el tema se agotaba, haya sucedido coincidiendo justo con esta Luna nueva en Piscis. Piscis es un signo regido por Júpiter y Neptuno, este último además lleva ya tiempo en su domicilio de Piscis también, y por eso tiene gran potencia en este momento. Si cualquier arquetipo como tal ya es difícil (por no decir imposible en cuanto a su inagotable significancia) de definir, el neptuniano-pisciano lo es más: esquivo y difuso, Neptuno se asocia a la disolución de límites o a la pérdida de la forma, de ahí que se relacione con el alma, las aguas, el amor, la espiritualidad, el inconsciente colectivo, lo onírico, la sensibilidad… pero también con las ilusiones, las adicciones, o los engaños. Además, lo pisciano rige las enfermedades infecciosas o los virus,  los contagios y dispersiones de todo tipo: sus efluvios sutiles se extienden sin límites que los retengan. Que la Luna nueva se haya dado junto a Mercurio en Piscis y además retrógrado (revisión de lo inconsciente que se puede manifestar en todo tipo de confusiones en la comunicación, desplazamientos, nieblas informativas…) es doblemente significativo en este momento, en el que los datos que proporcionan gobiernos y medios de comunicación son contradictorios y confusos en suma medida. Que en el momento de la Luna nueva Marte esté en Capricornio conjunto al Nodo Sur, y en cuadratura a una interesante conjunción Quirón-Lilith en Aries nos podría estar hablando de una acción estratégica, pero también sañuda, desde las estructuras del poder económico.

 

Añadido a lo anterior, Júpiter, el otro regente de Piscis, esté también en Capricornio y conjunto a Plutón-Saturno, lo que podría señalar hacia un sentido oculto en todo el tema, a una estrategia de infundir terror y miedo, a un intento de expansión de la sombra plutócrata, que busca reforzar sus estructuras frente a la ola de cambio que, aparte de otras corrientes, sobre todo la crisis climática está impulsando de forma lenta pero inexorable (al menos desde mi perspectiva).

 

 

 

 

Parece este un buen momento para recordarnos que, según la teoría de sistemas, la evolución no es un principio ciego que sucede por casualidad o por azar, tampoco según un fin predestinado de antemano, sino que más bien se trata de un proceso creativo que sigue una dirección abierta, fundamentalmente indeterminada. Según Erich Jantsch, uno de sus principales teóricos:

 

"Vivir con un espíritu evolutivo significa comprometerse con plena ambición y sin ninguna reserva en la estructura del presente y, sin embargo, dejarse llevar y fluir hacia una nueva estructura cuando haya llegado el momento adecuado."

 

Precisamente por esta radical indeterminación, según Jantsch, el papel del individuo dentro de la evolución del cosmos puede ser crucial: las pequeñas fluctuaciones dentro de un sistema, los pequeños granitos individuales—sí, el tuyo o el mío— pueden inclinar la balanza de forma dramática hacia una nueva estructura. Cualquier aporte, por ínfimo que sea, puede contribuir decisivamente, ser la gota que colme el vaso de la transformación, del gran giro en la conciencia colectiva que quiere suceder en nuestra época.

 

 

 

 En este momento, frente a esta amenaza o crisis que está tomando dimensiones globales, no sólo desde este tema del coronavirus, sino desde tantos otros niveles, podemos elegir básicamente entre tres actitudes fundamentales: una sería el miedo, dejarnos llevar por el pánico, encerrarnos en nuestras casas con mascarillas y kilos de arroz y lentejas, esperando que no nos toque a nosotras, que la marea suba para otros; otra sería la resignación: si todo se va por el barranco, para qué hacer nada, enchufémonos non-stop al netflix; y la tercera sería la esperanza activa: dar lo mejor de nosotras en este momento desde nuestras capacidades, dones y aptitudes, apostar por lo que nos inflama el corazón, por la vida, por la confianza, por un mundo mejor que merece poner en juego lo que sentimos adentro más auténtico, nuestra más radical apuesta, ese latido, desde la certeza de que todos tenemos un papel importante que jugar en esta obra. Nadie dice que va a ser fácil, probablemente, si aspiramos a la autenticidad, antes o durante vamos a tener que hacer un gran trabajo alquímico: de sanación, de reprogramación, de clarificación de nuestra identidad (nuestra carta natal nos da un mapa valioso y preciso de nuestro sistema a hacer consciente, por eso es tan interesante conocerla). Pero sin embargo cada momento es una elección, un paso en ese camino, una senda en la que nos vamos transformando paulatinamente  desde entidades pasivas a las que la vida les sucede a partícipes conscientes, co-creadoras de sentido informadas por fuerza evolutiva del cosmos.

 

A ese caminar que busca lo integral, que intenta el corazón, creo que se refiere  el no-actuar del taoismo: seguir la veta de la vida, o dicho en plan grandilocuente: cabalgar la ola de la creatividad cósmica (que bajando el tono, puede significar gestos o actos simples, pequeños, pero no por eso menos significativos). Y ese es para mí el principio, si no la esencia, de la verdadera magia. 

 

 

 

 

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