LUNA LLENA EN CÁNCER Y SOLSTICIO

20/12/2018

 

Esta Luna llena en Cáncer (17:48 UT el 22/12) se da casi en simultaneidad con el Solsticio de Invierno (22:23 UT el 21/12, solsticio de Verano en el hemisferio Sur). Es ésta una época, al menos en el Norte, en la que tradicionalmente se celebra el renacimiento del Sol, pues los días a partir de esta fecha comienzan a crecer, la luz poco a poco remonta la oscuridad invernal durante los meses siguientes. No en vano estas fechas fueron elegidas por los ingenieros ideológicos que diseñaron todo el aparato mitológico cristiano para situar el nacimiento de la figura de Cristo—la conciencia solar de nuestra naturaleza—, asimilando elementos de todos los cultos imperantes en aquel entonces en su área, en este caso entre otros las Saturnales romanas, la festividad pagana de Yule o el nacimiento de Mithra. Pero ser anti-navidad se ha vuelto casi un cliché. Si nos hemos reconciliado con este aspecto manufacturado de estas fiestas, y además conseguimos sustraernos lo suficiente de la marea de consumismo, exceso y guirnalda mediática, podemos aprovechar el despliegue simbólico de este momento, y celebrar, interior o exteriormente, sol@s o acompañad@s, que la luz sigue y seguirá siempre viva, brindándonos su calor y su claridad, aún en los momentos más fríos y oscuros de nuestro viaje.
 

 

 

 

Los solsticios son hitos del ciclo solar que señalan renovaciones, cambios en la energía imperante, y que éste se de en simultaneidad con la Luna llena puede que sea significativo: la Luna nos ilumina, señala y enfatiza este momento, antesala del Eclipse con la Luna nueva en Capricornio durante la noche de Reyes, el “portal” a lo que viene. Y es que estamos entrando en el invierno, pero en un invierno arquetípico además, y parece que va a ser largo, con suerte de sólo un par de años. Este 2019 es año de “fines de temporada”, de desenlaces y cartas boca arriba, lo cual, por otro lado, ya es más que necesario.

 

 

 

 

El Nodo Norte acompaña a la Luna en el signo del cangrejo, señalando una tendencia general a buscar refugio, calidez, apertura emocional, ternura, nutrición, pertenencia, seguridad…, en contraste con un clima energético bastante capricorniano: invernal, frío, austero, limitante. Quizá nuestr@ niñ@ interior esté muy a flor de piel ahora, algo de nosotros querría en estos momentos regresar de nuevo a la infancia, creer en la magia y vivir el ambiente navideño en confianza e inocencia, lejos de las cuestiones mundanas de los adultos. ¡Ah, poder sustraernos por un instante de las responsabilidades, de las limitaciones materiales, de la dureza de la vida; olvidarnos un poco de toda las miserias y abusos de poder del mundo e ir hacia nuestro universo interno, sentirnos confortables y a gusto en la tierra, arropadas, cobijados, sostenidas, compartiendo amor! Por un lado se nos va a facilitar esta conexión porque hay un gran trígono de agua del que más abajo diré algo más. Por otro lado, puede que aunque consigamos desconectar, no sea fácil eludir una sombra colectiva que viene flotando en las aguas como mancha de petróleo hace ya rato, y que especialmente ahora se va haciendo bastante manifiesta: la enfermedad de nuestra sociedad está ya en etapas muy avanzadas, cada vez acumulando más energía del depauperado organismo colectivo en unas pocas de sus células cancerosas, que tanto malentienden lo que es el auténtico poder. Es muy evidente que “Es el sufrimiento de muchos el que paga el lujo de unos pocos”, pero tiene que salir Greta Thunberg, una niña de 14 años, en la cumbre del clima de la ONU para recordárselo a los líderes mundiales. El mundo al revés. Haría falta una legión de espíritus de las navidades pasadas, presentes y futuras para equilibrar esto, si es que aún quedase tiempo…

 

 

 

En efecto, pareciera que no hay mucha esperanza (de la útil) frente a la crisis que afrontamos como humanidad. Y es que, por un lado, podríamos sentir ahora un sentimiento más o menos inconsciente de dolorosa impotencia (Quirón conjunto a Marte en Piscis en cuadratura a la Luna y al Sol), algo parecido a creer que no podemos hacer nada salvo dejarnos abducir vía pantalla y ser espectadores privilegiados de cómo las cosas se ponen cada vez más feas debido a esa avaricia de los pocos, o (si nos ponemos más amargos) a la insensatez de nuestra condición humana. Un Ragnarök patrocinado por Coca-cola. Es evidente la falta de liderazgo eficaz, sano y constructivo en nuestra civilización, y si aceptamos y hacemos nuestra esa proyección colectiva nos podemos sentir sin fuerza, sin empuje, sin propósito, sin nada que nos señale el rumbo, como si lo único que pudiésemos hacer mientras sucede la debacle fuese intentar sobrevivir agarrándonos a alguna esperanza (de la inútil). Lilith en Acuario en sesquicuadratura a la Luna y semicuadratura al Sol inflama el tema poniendo en el foco por un lado en las ineludibles injusticias de género, por otro en la evidencia de nuestra incomunicación colectiva, los comportamientos bizarros, esquinados, reactivos, tan visibles en las interacciones sociales en red de este incierto campo de pruebas que es la tecnoesfera. Por otro lado (Urano en Aries cuadratura al eje nodal) hay un clima agresivo, de violencia, de inestabilidad, de revolución en el aire, de cambio o tormenta inminente, como si hubiera que tomar ya una decisión, o algo fuese a suceder. Cuando Urano se ponga directo el mismo día de Reyes, en cuadratura a la Luna nueva del eclipse y con Marte ya en Aries puede que empiece la acción en serio.

 

 

No es fácil ver el gran regalo que nos trae este tiempo.

 

 

  

 

 

A much@s esta última retrogradación de Mercurio nos ha tocado de lleno, quizás obligándonos a hacernos cargo de los desajustes, el desorden, las áreas de caos y sumideros de energía subconscientes directamente relacionados con nuestra capacidad de focalizar propósito, sentido, en nuestro viaje. El crispado ambiente social no ha ayudado. Ahora, con Júpiter conjunto a Mercurio en cuadratura con Neptuno, nos puede costar encontrar un sentido y una confianza en que “todo es perfecto” desde la razón o el intelecto. Más que nunca nos pueden disonar o parecernos melosas hasta el empacho ese tipo de consignas nueva era que aparentemente minimizan la gravedad del momento. Pues aún desde la conexión con un orden superior es difícil entender que sucedan ciertas situaciones, menos encajar nuestra parte de responsabilidad en lo que está sucediendo. Pero elevar la perspectiva es el único camino, porque para reequilibrar el juego es imprescindible recuperar nuestro poder desde la construcción de un sentido que integre toda nuestra dimensión energética y espiritual. Es muy necesario darnos cuenta de que siempre hemos tenido ese poder y que, ignorantes de nuestra capacidad, ciegos al Anima Mundi, desencantados, engañadas, se lo hemos estado cediendo a otros por milenios. Que por largo tiempo nos hemos sentido abusadas, indefensos, víctimas, y ¿a cambio de qué? Del envenenado dulce cuyo aspartamo se llama “eludir nuestra responsabilidad”. Y es hora de recuperar el binomio poder-responsabilidad, o por el contrario el juego se va a poner aún más complicado.

 

 

 

 

 

 

Propuestas

 

 

Si quieres entender el Universo piensa en términos de energía, frecuencia y vibración

 (N. Tesla)

 

Donde va tu atención va tu energía

(Anónimo) 

 

La energía real (Sí-mismo vincular) es la autoconciencia (identificación) más lo que se vive como destino

(E. Carutti)

 

Somos energía (consciente + inconsciente) que vibra a una determinada frecuencia, formando parte de un campo de energía colectivo en cuya manifestación nuestras frecuencias participan, pues de la interacción de las frecuencias surge, enmarcado en un escenario holográfico, la realidad que experimentamos, como a partir de un consenso vibracional.

 

¿Qué es la frecuencia? Está relacionada con nuestra conciencia, y con nuestras emociones y pensamientos, conscientes y subconscientes. Nuestro campo de energía en su conjunto es multidimensional, y en ese sentido atemporal. Nuestra frecuencia terrestre es resultado de dónde enfocamos nuestra atención, y de emociones y pensamientos pasados cuya energía está almacenada en nuestro campo energético a diferentes niveles de densidad: mental, astral, sutil, físico. Llevamos memorias energéticas de nuestros ancestros y de vidas pasadas que condicionan nuestra vivencia presente y nuestro destino. Condicionan nuestra vibración y la co-creación de nuestra realidad, individual y colectiva. 

 

La astrología a través de la carta natal nos lo muestra muy claro. Las partes en sombra, no reconocidas, de nuestra configuración las manifestamos afuera en personas o situaciones repetitivas. 

 

Pero tenemos la capacidad de elegir conscientemente la frecuencia que emitimos, y por tanto modular lo que atraemos a nuestra realidad. Primero, con aquello a lo que prestamos nuestra atención. Segundo, sabiendo que cuanto más inconscientes somos de lo que estamos emitiendo más nos viene eso por destino. Podríamos decir que, a mayor autoconciencia, mayor capacidad de crear nuestro destino, mayor libertad, y por tanto mayor poder.  Otra forma de ver esto es considerar que mientras estamos condicionados por identificaciones, emociones y programas subconscientes no somos libres, pues nuestras elecciones responden a esos condicionantes, y están por tanto, limitadas. Somos libres en la medida en que nos vamos descondicionando, alineándonos con la corriente cósmica, la frecuencia de nuestro ser superior, nuestro sí-mismo vincular o nuestra alma, y la forma de hacerlo es incorporar nuestras áreas de sombra, no reconocidas, y morir una y otra vez a nuestras identificaciones falsas.

 

 

 

El gran valor de la astrología es brindarnos un mapa del viaje del alma, un mandala que nos permite analizar el estado de nuestro campo energético: hasta qué punto lo tenemos consciente, en qué áreas de nuestra experiencia se pueden localizar frecuencias densas subconscientes (heridas, bloqueos, conflictos, tensiones), “puntos débiles de nuestro carácter, puntos vulnerables al ataque del destino” (Oskar Adler), y en cuales tenemos facilidad para generar frecuencias armónicas que eleven nuestra vibración y nos alineen con nuestro propósito evolutivo.

 

Al proceso de transmutar y liberar todas las frecuencias densas, “escorias”, que portamos con nosotros (emociones atascadas, programas mentales, contratos, bloqueos, etc) lo podemos llamar alquimia psicológica. Hoy en día tenemos a nuestra disposición un montón de técnicas terapéuticas aplicables para ese menester: Terapia regresiva, PNL, Coaching, Constelaciones familiares, plantas maestras, temazcales, respiración, arteterapia… En relación a este momento astrológico, Marte en Piscis en sextil a Plutón también nos recuerda que la disciplina del guerrero espiritual nos facilita esa alquimia ineludible. El guerrero o la guerrera interior es el vehículo de conciencia cuyo coraje nos va a permitir atravesar la oscuridad y transformar lo que haya que transformar en nosotros, morir y renacer, las veces que haga falta. 

 

Venus conjunta a Ceres en Escorpio en trígono a Neptuno en Piscis (formando un gran trígono de agua con el punto medio Luna-NN) nos llama a reconectarnos una y otra vez con el Amor que somos y que Es. El Amor es la llave maestra, lo que unifica todo y disuelve las dualidades. Más que hablar de Amor, hay que vivirlo y practicarlo, así que no diré mucho. En estos tiempos nos va ayudar mucho el hábito de restablecer de forma sostenida, paciente y metódica la conciencia de que hay mucho más de lo que vemos, de que somos alma (un ser espiritual viviendo una experiencia humana), y de que la percepción de que vivimos en universo de elementos aislados es una ilusión, y además relativamente reciente. Esto es algo esencial a recordar una y otra vez, hasta que la ilusión se diluya. Meditar, reconectarnos con nuestro centro, de la manera que sea, ahora más que nunca es básico, imprescindible en esta época para encontrar el equilibrio en medio de la tormenta, el calor en el frío.

 

 

 

Cuanto más descondicionad@s nos volvemos, cuanto más en nuestro centro estamos, más libres somos, más energía y más poder, poder de manifestación y de participación en el acaecer de la “realidad” tenemos. Si queremos dejar de ser víctimas, tenemos que salir del área de confort, atravesar las resistencias e ir asumiendo la responsabilidad de nuestra experiencia. Como decía Adler, nuestra curación individual es un deber moral, deber con el que nos hacemos dignos del poder, de la participación como fuerzas motrices en la evolución del mundo. Ahora es ese deber es más que nunca una necesidad. 

 

Que el Amor nos acompañe.

 

¡Feliz solsticio!

 

 

Si quieres profundizar en estos temas de manera particular conociendo tu carta natal en una Lectura por Skype, (incluyendo los ciclos planetarios activos en tu viaje en este momento), o bien te interesa una sesión de Terapia regresiva para desbloquear contenidos subconscientes, estaré encantado de acompañarte. Puedes rellenar el formulario de la página de inicio o escribirme a astroregresiva@gmail.com

 

 

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