ASCENDENTE: Más allá de "la máscara"

13/3/2018

Siendo, con la Luna y el Sol, una de las tres posiciones que casi de forma unánime se consideran básicas para comenzar a interpretar una carta natal, con el Ascendente pasa como con la Luna: cuando empiezas a estudiar astrología es como si hubiera que armar mentalmente un cubo de rubik antes de llegar a saber qué es lo que representa realmente en el mapa astral. 

 

Y es que no se entiende muy bien que, siendo tan importante a priori, a menudo de la sensación de que las definiciones que se suelen dar en los libros, incluso de gente renombrada, no reflejen eso: que si es la personalidad exterior, la máscara que nos ponemos, la ventana a través de la cual vemos el mundo y los demás nos ven, que si es nuestra apariencia física…Estás definiciones no parecen tan transcendentes. Al menos a mí, al leerlas o escucharlas cuando empezaba no me lo parecían.

 

 

 

Me daba la impresión a veces de que era un punto embarazoso que nadie entendía muy bien o nadie acertaba a explicar con claridad, y sobre el que se prefería pasar por encima o mencionarlo de paso al explicar la casa I. 

 

Como con la Luna y “las emociones”, estuve muchos años que repetía como un papagayo las recetas de cocina que me había aprendido de memoria, tipo lo de “la máscara”, pero con la misma sensación de no entender por qué era tan importante. 

 

Hoy en día, creo que ya lo entiendo. Y su interpretación suele ser de hecho (y como mandan los cánones) uno de los puntos clave cuando me asomo al misterio de un mandala natal. Resuena mucho, caen fichas por doquier. Y es que, junto al Sol y el Nodo Norte, el Ascendente marca uno de los puntos evolutivos de la carta.

 

 

Básicamente, expresaría su significado así: el Ascendente marca una cualidad energética, dictada por su signo, que tenemos que aprender a incorporar en esta vida.

 

No es una energía que ya traigamos de antiguo cristalizada y con la que tendemos a sobreidentificarnos (la Luna), ni que expresemos naturalmente en condiciones ideales o la sintamos cercana a nuestra esencia (el Sol). La cualidad del Ascendente es, al menos en cierta medida, nueva, que podemos sentir como extraña en nosotros, aunque muy presente a nuestro alrededor. Una cualidad energética a entrenar, a dominar, a actualizar. 

 

Y aquí la vida (siempre tan oportuna y solícita de nuestras necesidades subconscientes) hasta que no nos demos cuenta y hagamos nuestras esas cualidades, se va a encargar de traernos situaciones y personas que nos reflejen la energía de ese signo.

 

Pero ¿por qué ?

 

 

Si en el momento de nuestro nacimiento miráramos hacia el este y trazásemos una linea recta imaginaria hacia el horizonte, esta linea intersectaría con la eclíptica en un signo zodiacal. Este signo marcaría el Ascendente, y sería la cualidad energética presente en el momento de nacimiento, nuestra puerta de entrada hacia el mundo manifestado. En ese sentido lo de usar la metáfora de que el signo del Ascendente es como el color de las lentes que llevamos.

 

Pues esas cualidades energéticas tiene el ambiente en ese momento en que llegamos al mundo, y en nosotros quedan marcadas como una impronta, como un sello.  

 

Pero el Ascendente no viene solo, es sólo una parte de la totalidad que es el mandala completo. Ese mandala, el mapa natal, se abre desde su centro inmanifestado en una vasta complejidad de funciones psicológicas, personales, sociales y transpersonales en varios niveles de manifestación. Todas ellas definen nuestro campo energético, un campo geométrico de conciencia, que pulsa en una dinámica toroidal (una doble espiral entrelazada alrededor de un vacío o singularidad) y que no está aislado, sino conectado con otros campos y con la totalidad, formando parte del orden implicado, de la matriz holográfica de la existencia.

 

 

 

 

 

Lo que sucede es que esa complejidad, por lo general, es imposible de asimilar por la conciencia naciente, y se produce entonces una división en el campo energético: hay una parte con la que nos identificamos (el Yo) y otra que percibimos como externa, aunque esté en nuestro campo energético también, y los demás la puedan percibir en nosotros. 

 

Esa parte que no registramos, se nos manifiesta entonces como destino (de ahí que, en cierta medida, se pueda predecir lo que se le va a manifestar afuera a alguien teniendo en cuenta los factores con los que se identifica o rechaza en su carta).

 

Y es que nos vamos a tender a identificar sobre todo con las energías del mapa que vienen expresadas por determinadas funciones psicológicas, por ejemplo con la Luna mayoritariamente, o con el Sol, Venus, Marte… Pero la cualidad del Ascendente (tan improntada en nuestro campo) no tiene ninguna función asociada, es energía pura, no tenemos con qué asirla a priori. Además, al ser la cúspide de la casa I, la casa de Aries, el ascendente tendrá también esta cualidad ariana de expresión espontánea que no se registra (como la conjunción como aspecto, que es también ariana). Entonces necesariamente la vamos a proyectar fuera, vamos a atraer situaciones y personas (destino) que nos muestren esa cualidad energética para aprender a reconocerla e incorporarla en nuestra identidad.

 

 

 

Y no será facil, porque nuestra matriz psicológica señala que venimos de la cualidad energética representada normalmente por el signo anterior (casa XII), que suele ser muy diferente. Así por ejemplo, con un Ascendente Virgo, que es una cualidad más metódica, más de eficiencia en lo material, de servicio, de anonimato, venimos de una casa XII Leo: de expresividad, autoengrandecimiento, de brillar en el entorno. O con un ascendente Escorpio, que nos pide profundizar, hacernos cargo de miedos, de lo “oscuro” de la vida, transformación...venimos de una casa XII en Libra, donde prima la belleza, la justicia, la armonía en la comunicación, las buenas formas.

 

Claro que podemos tener la cúspide de la casa XII en el mismo signo que el Ascendente: en ese caso seremos conscientes de esa energía hasta cierto punto, ya la venimos trabajando, pero habrá cualidades más elevadas de la misma que nos será necesario aún aprender. 

 

Nuestro Ascendente implicará una determinada casa XII, pero también cierta casa IV (de qué ambiente familiar venimos, donde tendemos a refugiarnos) o una casa VII (qué tipo de interlocutores o parejas atraemos o nos resultan atractivas precisamente para ayudarnos a incorporar, con su energía complementaria, el lado opuesto del eje). Y es que, en última instancia, en ese aprendizaje está implicada toda la carta. 

 

Como el Ascendente mismo, los planetas cercanos darán también información sobre la energía que tiñó el momento de nuestro nacimiento y los primeros años de vida. La función psicológica de esos planetas conjuntos al Ascendente tendrá también esa cualidad de expresión ariana, de arranque, en nuestro sistema. Será visible para los demás porque lo irradiaremos, pero a nosotros nos costará registrarla quizás hasta entrada la madurez. ¿Quien registra de niño un Plutón o un Saturno en casa I como propios? Planetas en esa posición implican que aprehender dichas funciones arquetípicas tiene un carácter prioritario en nuestra vida.

 


 

HACIA EL SOL

 

Si en otro artículo decíamos que aprender a sostener nuestra Luna era prioritario en el camino a la vivencia armónica y expresión plena de nuestro Sol, con el Ascendente sucede algo parecido. Como uno de los puntos evolutivos de la carta, incorporar las cualidades de nuestro Ascendente parece ser como una especie de entrenamiento necesario que la vida nos impone si queremos llegar a manifestar nuestro Sol.

 

Buscando una referencia  moderna para describir el Ascendente, me vino echar mano de nuevo de Juego de Tronos, en este caso del personaje de Arya. El motor de su vida (al menos en el recorrido que nos muestra la serie) parece ser el hacer justicia, matar a todos los de su lista y vengar así la muerte de sus familiares y demás agravios. Pero ella, aunque lanzada y aguerrida, parte de ser tan sólo una niña, y en su camino deberá cultivar ciertas habilidades y capacidades, porque ir tan de frente no le serviría. Tiene que someterse a un entrenamiento.

 

 

Deberá aceptar la muerte de sus seres queridos a fin de seguir adelante. Tendrá que salir de su Libra en casa XII (los modales de la corte), en un periplo muy plutoniano,  ocultando su género y su nombre, viviendo en los bajos fondos de la sociedad, haciéndose invisible  para aprender así a manejarse y actuar en las sombras. Deberá aprender el arte de la lucha en la oscuridad, viviendo como ciega, y también a transformarse, dejando morir todo su mundo, desprendiéndose una y otra vez de su identidad. Tras mudar de piel muchas veces, afrontando la muerte, encuentra su propio poder y afirma, al fin, su identidad:

 

-You told to her to kill me.

-Yes, but here you are. And there she is.........Finally, a girl is no one.

-A girl is Arya Stark of Winterfell, and I am going home.

 

Aunque, como su nombre indica, su esencia parece ser ariana (también por el símbolo del lobo Stark, asociado tradicionalmente a Marte), su Ascendente bien podría estar en Escorpio. 

 

Quien haya leído Los Luminares, de Liz Greene, reconocerá aquí una readaptación de su ejemplo con el entrenamiento capricorniano de Teseo (p.120). Ella también señala que en la primera mitad de la vida podemos tener una especie de versión para principiantes del Ascendente, lo de "la máscara" que pone en muchos libros: el ascendente Géminis es hablador, el Virgo es pulcro, el Acuario razonable, el Sagitario aventurero, etc. Pero no deja de señalar la dificultad  que nos plantea integrar de manera adecuada el Ascendente, interiorizando su significado y valores.

 

Acabando, no obstante todo lo dicho, tengo que señalar, aunque suene a reiterativo, la importancia de analizar la carta como un todo, sin que ninguna posición, ni siquiera el Ascendente, sea definitoria, buscando una síntesis que dote de sentido a toda la geometría del mandala natal. Ninguna información es casual ni estorba a la hora de encontrar esa veta de propósito. Aquí, una lectura profesional con un/a astrólog@ cuya perspectiva nos resuene puede ahorrarnos mucho tiempo y recursos. 

 

Y finalmente, no podría culminar este artículo sin hacer referencia con mucho agradecimiento a la gran labor de Eugenio Carutti, cuya visión me parece definitivamente esclarecedora en el ámbito del saber astrológico en general y en especial en lo concerniente al tema del Ascendente.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

CARUTTI, EUGENIO. Ascendentes en Astrología (I y II). Kier. 

GREENE, LIZ & SASPORTAS, HOWARD. Los Luminares. Urano

 

MUY RECOMENDABLE:

  

Canal de Silvia Neira: https://www.youtube.com/channel/UC1p1MEyKBEtvWsMCSAqTlPw/videos

 

 

 

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